domingo, noviembre 30, 2003

Los Deltonos: "Sólido"

Tras varios años de silencio (yo diría que siete desde el “Ríen mejor”), y con el proyecto en solitario de su lider Hendrik Röver de por medio, vuelven Los Deltonos, uno de los grupos con más personalidad del panorama español. Para empezar advertimos que se han deshecho de la coletilla de “Grupo intelectualmente violento” que por resolución judicial tras pleito con su primera (creo) discográfica debían llevar. La verdad es que aquello no les fue tan mal, aprovecharon para parodiar el famoso sello del “Parental Advisory: explicit lyrics” y en todos sus discos y merchandising podíamos observar el aviso sobre su violencia intelectual, que, a mi entender, quedaba muy chulo. Yo tenia una preciosa camiseta naranja megachillón con el simbolín, que regalaban con el single “A comer, a casa”, y, la verdad, en aquellos tiempos de mis felices quince/dieciséis años me encantaba poner ésa camiseta. Además, como siempre he hecho, intentaba aprovecharme de un cierto snobismo musical del tipo “¿Pero tío, escuchas a Def con Dos?” increpando al compañero de clase que llevaba la camiseta de “Armas pal pueblo”, “A mí me gustan Los Deltonos, son power-blues”. Tal denominación musical, que de aquella posiblemente habría llegado a mí a través de radio 3 (qué cojones sabía yo entonces lo que era power-blues), era la etiqueta que la crítica le impuso a este grupo. Pues bien, en este su último disco “Sólido” han intentado alejarse en cierta medida de esa etiqueta, aunque siguen conservando la increíble consistencia musical y la eficacia a la guitarra de Röver (por cierto ¿No era ése el nombre del perro de Jimi Hendrix?).

“Sólido” es un auténtico disco de rocanrol con todas las letras, en el que por primera vez abandonan la formación de trío e incorporan un segundo guitarrista, posiblemente la evolución lógica a la que debía llegar este grupo. Y el resultado es impresionante, se consigue que el magnífico dominio de Röver sobre las seis cuerdas quede impulsado por una segunda guitarra que hace que el grupo gane en intensidad sin perder en limpieza de sonido. Es ese uno de los rasgos más característicos del disco, suena potente, pero limpio, sin oscurecer en ningún momento los enormes fraseos de guitarra sobre los que se edifican la mayor parte de las canciones.

Creo, y alguien (mucha gente, vaya) se me echará encima por lo que voy a decir, que “Sólido” es el mejor disco del rock español desde “Una semana en el motor de un autobús” de Los Planetas, sé que es una afirmación arriesgada, pero si he elegido este disco para inaugurar mis intervenciones en esta quinta rueda es porque me impresionó en esta medida. Tengo que decir además que siempre he tenido especial predilección por este grupo, su actitud, sus letras arrogantes (algo que en otros grupos detesto), y su cultura musical (especialmente recomendable su “Los Deltonos en ZZ’stop”, disco de versiones de los tres barbudos más famosos del rock). Pero a mi entender ahora se han superado, el estribillo de “Normal”, la guitarra que suena tras la voz en “Medicina” mientras llega al clímax de la canción, en que sabe bien “que no hay mejor medicina que ésa”, o la tromba de guitarra que acompaña la parte final de “Me rechinan los dientes” merecerían ya la pena como para comprar el disco. Además, aunque sus letras vuelven a rayar la prepotencia, “va a ser cómo decía yo, y llevo un rato diciéndolo”, tampoco llegan (nunca lo han hecho) a mostrarse bordes, y por otra parte incluyen nuevas temáticas como la impresionante autorreflexión sobre el proceso creativo de un músico en “Odio mi oficio”, en donde Hendrik Röver expresa la frustación de la canción nunca conseguida, el tema perfecto que todos los músicos deben ver venir de lejos pero que nunca llegan a alcanzar, o eso creen, pues si no su búsqueda no seguiría... “perdido en el inútil empeño/ de acabar lo que empiezo de cerrar este círculo/ y abrir otro nuevo que me lleve al siguiente/ de llegar a algún sitio/ de poder descansar”. Un disco, en fin, estupendo, brillantísimo, bien ejecutado, cuidado hasta el último detalle (desde la producción hasta el diseño de portada y libreto), de un grupo con personalidad propia, que sabe y gusta del rock y del que podría decir sin excesivo miedo a equivocarme que no hay nadie en nuestro país que haga algo parecido. Al menos tan bien.

David Rodríguez